No acostumbramos a hacer mucho caso a la iluminación del baño, es un ignorado en la planificación iluminativa de la casa. Pero el baño es uno de los sitios a los que más atención hay que prestar. Generalmente, precisan de luz artificial las veinticuatro horas del día, los siete días a la semana, al carecer de ventanas por las que penetre la luz natural.
A un baño no se le puede colocar una bombilla o un plafón cualquiera, de cualquier manera. La luz debe ser adecuada, generosa, pulcra, que permita ver a la perfección, que provoque efecto de amplitud.
Una luz general y varios puntos combinables en puntos estratégicos para iluminar simultáneamente, que alumbre lo necesario y que no proyecte sombras. La más importante se focaliza en la zona del tocador, que es donde más luz se necesita. Se recomienda colocar a 40 cm de altura una lámpara con pantalla a cada lado, que permita dispersarse correctamente la luz para iluminar el rostro de quien se mira al espejo.
En la ducha o bañera, la luz puede ser más tenue y difusa, además, para que las lámparas no sufran por la humedad, conviene recurrir a lámparas o plafones herméticos.
Y la luz de ambiente, sin ninguna función específica, se recomienda un plafón con bombilla opaca blanca para simular una iluminación natural.





